La misa dominical de Peyton Place tuvo un condimento
adicional, mientras a pocas cuadras en la Memory Park se estaba recordando a
las víctimas, el barbado sacerdote aprovechó su espacio para exponer en su homilía
la teoría de los dos demonios. Sin esconder su orientación nazi-fascista y su permanente
simpatía por personas o grupos que reivindican al terrorismo de estado, el
sacerdote, ante una feligresía complaciente y reprimida defiende la execrable
teoría de los dos demonios. Obviamente esa postura, no se inspira en el
evangelio, es una teoría pergeñada por genocidas y apropiadores de bebés, aquellos
históricos socios de una iglesia cómplice que siempre miró para un costado cada
vez que el poder militar coqueteaba con ésta transformándose en una
sociedad sin contratos, pero sí de mutua
conveniencia. Ese binomio iglesia-milicos fue siempre esa sociedad ideal
basados en la teoría de Maquiavelo donde el fin justifica los medios, para los
intereses de ambos obviamente. La foto de los genocidas tomando la comunión en
la iglesia y la cara de beneplácito de los curas que la oficiaban, sacuden los
rincones más sensibles del Reino de Dios y nos revela , a los verdaderos
cristianos, aquellos estereotipos muy difundidos sobre la Iglesia
que han contribuido a deformar su imagen pública: la Iglesia como represora
mediante la Inquisición, fomentadora del antisemitismo, enemiga del sexo,
opresora de la mujer, contraria a la ciencia, deseosa de que los fieles sufran,
legisladora de la obligatoriedad del celibato, desviada de la pureza de sus
orígenes, anticuada en sus planteamientos y doctrinas. No era una fecha más,
era una fecha sensible y cara a los sentimientos del pueblo, principalmente de
aquellos que hacemos uso permanente de la memoria. No conozco en detalles las
palabras que salieron de aquella sotana indigna, pero si reconozco el dolor y
la indignación de aquella madre presente que fue víctima del terrorismo de
estado y tuvo que soportar esa homilía cargada de ideología nazi-fascista. Me
revuelve más aún el estómago pensar en aquellos feligreses fanáticos y obnubilados
por este personaje nefasto vestido de sacerdote que compartieron el mensaje. Qué
lejos están de San Arnulfo Romero, Monseñor Agelleli,Ponce de León, De Nevares,
Mugica y todos aquellos religiosos que hicieron honor aquel humilde carpintero
que enseñó cual es el verdadero camino al Reino, no precisamente igual a aquel
que propone la riqueza, el oro y los lujos inmorales del vaticano.
Hace años Peyton Place tuvo que soportar un sacerdote
borracho, que desparramaba inmoralidad las 24 horas del día, que llegó a dar
misa con un revolver en la cintura, mucho más osado que éste, un cura que fue
una vergüenza para los verdaderos cristianos, que preguntaba durante la
confesión a niños de 8 años si se masturbaban, un sacerdote que en sus homilías
no defendía la teoría de los dos demonios, é directamente y sin pelos en la lengua
reivindicaba a los genocidas dándolos con nombre y apellido como si fueran santos
consagrados. Pero ese cura fue parte de un pasado no muy lejano que ya no está
, otros tiempos que aun inspiraban miedos , pero después de 36 años de
democracia ininterrumpida un hijo dilecto del opus dei anda suelto y hace
dentro de la casa de Dios apología del terrorismo de estado. Para reflexionar...

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