El término de hegemonía cultural fue desarrollado por
Antonio Gramsci, periodista, escritor, filósofo, pedagogo y político de
principios del siglo XX. La finalidad era estudiar las distintas clases
sociales y su estructura. Gramsci sugirió que los modelos de la sociedad
estaban impuestos por una clase dominante; se trata de una hegemonía cultural
poderosa.
Dicho esto a modo introductorio en el día de ayer las redes
sociales del mundo entero comentaban el lamentable incendio de la Catedral de
Notre Dame. Es cierto que los franceses lo vivieron de una forma muy especial
al igual que los cristianos de todo el mundo, y seguramente los ateos o
agnósticos ligados al mundo de la arquitectura y el arte universal lamentaron esta
situación. Esto no quiere decir que aquellos que no tipifiquen estos grupos no
lo hayan vivido con asombro y estupor, seguramente en cualquier parte del mundo
una estructura tan emblemática como la catedral de Notre Dame hace de que la
gente de a pie se tome unos minutos del día para observar el siniestro o
comentarlo como un suceso de interés.
Ahora bien, ¿Cómo unimos los dos primeros párrafos
introductorios, y que une el concepto de Gramsci con lo sucedido a la catedral
de Notre Dame?
El conocimiento del mundo occidental y cristiano se basa en
ciertos principios culturalmente hegemónicos, por ende nuestras ciencias,
nuestro arte, nuestra filosofía, soslaya ciertos principios basados y desarrolladas
desde otro tronco cultural. No quiero extremar esta cuestión, de hecho el mundo
occidental se nutre excpecionalmente también de otras culturas, no obstante nos
cuesta aceptarlas o adoptarlas como parte de. El mundo occidental no siente,
trata ni condena de la misma forma, por ejemplo cuando el mismo daño es
provocado en monumentos pertenecientes a otras culturas. ¿Tiene idea el mundo
occidental de las invalorables pérdidas en estructuras edilicias, escritos,
objetos de arte de todo tipo que se perdieron a los largo de los siglos a raíz
de FUEGOS INTENCIONALES?
Tomando ejemplos al azar, nuestro joven continente fue
testigo como el imperio español arrasó culturas originarias enteras privándole
a la humanidad de heredar una cosmovisión distinta que hubiese enriquecido las futuras
generaciones de americanos. Sin olvidar la biblioteca de Alejandría y tantos
hechos similares ocurridos a través de los siglos a lo largo de la historia del
mundo. Y aquí quiero detenerme para saltar hacia atrás en el tiempo y rescatar
la figura del gran Alejandro Magno, aquel conquistador que inteligentemente
cuidó, y en algunos casos adoptó lo mejor de las regiones conquistadas.
Alejandro supo entender y respetar el valor cultural de sus enemigos en tiempos
violentos donde la humanidad se debatía sobre procesos basados en
enfrentamientos bélicos permanentes a escala general en el mundo antiguo. En
líneas generales analizando la historia universal el poder siempre intentó
imponer una hegemonía cultural desmereciendo por completo lo que no conocía o
lo que no entendía, arrasándolo utilizando todo tipo de metodología violenta.
En la línea del tiempo de la historia universal, el fuego y
la mano del hombre, fueron siempre los verdugos de las distintas culturas, y
esas pérdidas invalorables no siempre fueron sentidas como tal. La historia
misma se encargó de invisibilizarlas de modo tal que esos hechos parecen poseer
una categorización inferior a otras circunstancias similares ocurridas en otras
culturas diferentes a la nuestra. Pero creo que la parte mas perversa, el
castigo mas cruel fue precisamente la mano del hombre que amparado en nombre de
la religión, el mundo civilizado y ahora la democracia construyó una cultura
hegemónica con un solo y claro objetivo, el de conquistar el poder y las mentes
de los conquistados. Nadie desea una cosmovisión basada en la inclusión y la
tolerancia.
Para finalizar, no debe interpretarse lo que dije como algo
que atenta la significancia del siniestro acaecido sobre la catedral de Notre
Dame para los franceses, los cristianos del mundo, etc ; al contrario sería un
acto de necedad e ignorancia de cualquiera regocijarse ante semejante perdida,
pero lo que intento hacer es poner en el mismo pie de igualdad el valor de
cualquier producto cultural aún conservado sobre este planeta, y cuando el
fuego accidental o provocado destruye semejante obra el interés, debe ser tratado
igualitariamente, no dejar que una cultura hegemónica nuble la importancia y el
valor de otras culturas que merecen ser respetadas y admiradas porque cada
creación que emana de cualquier cultura es única e irrepetible extraída de una
condición humana maravillosa denominada “ inspiración”.



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