En Peyton Place ocurren cosas, no vamos a descubrir que en la
“caldera del diablo” las miserias humanas están a la orden del día. Esta vez le
tocó nada mas ni nada menos que al propio Don Quijote de la Mancha sufrir un
atentado. Este, al que me refiero, no cabalga con su compañero Sancho Panza ,
tampoco anda por la vida peleando contra
“molinos de viento” montando el equino Rocinante, este personaje solitario cabalga
en un automóvil y fue precisamente su medio de transporte quién sufrió un
atentado dejando al Don Quijote de a pie.
Ahora el Quijote tendrá que enfrentar a sus molinos de viento
mas solo que nunca. Él mismo y los habitantes de Peyton Place se preguntan
¿Quién le quemó el caballo a Don Quijote?. Las opiniones van y vienen, las
conjeturas contienen todo tipo de argumentos, algunos serios otros que rozan la
mas absoluta ridiculez, tampoco las especulaciones políticas están ausentes y muchos
se quieren montar en el drama de Don Quijote y arrimar agua a su propio molino.
¿Será que en medio de tantas quijotadas hubo quizás que las aspas de algún
molino que dejaron de girar por culpa de la lanza que Don Quijote arremetió
contra éste?. Seguramente que sí, la 3ra Ley de Newton lo enuncia claramente con
el principio de acción y reacción, pero a esta interesante fórmula le faltan
dos datos vitales que es la imposibilidad de acertar el destinatario de la
acción ejercida por Don Quijote y el autor intelectual y material de la
reacción. Son tantos los molinos de viento víctimas de la lanza quijotesca que
será muy difícil acertar con el móvil y el autor. Habría en este caso una
tercera posición, aquella que el propio Quijote se resiste a pensar, ¿no será
que el oculto Sancho Panza, aquel personaje ausente en esta historia, pero que
cabalga alejado de él aprovechó al Quijote para sacar provecho de esta
contienda?. Como dije al principio, este río revuelto que baña las orillas de
Peyton Place seguramente traerá ganancias algún pescador que tiene intenciones
de pescar algo grande para el mes de Octubre cuando las aguas decidan quienes
recibirán el mayor porcentaje de la “riqueza ictícola”.
Mientras tanto, el pobre Don Quijote seguirá esgrimiendo su
lanza puntiaguda embistiendo contra molinos de viento, principalmente aquellos
pintados de color amarillo, sin la compañía de su fiel Rocinante y aquel expectante
Sancho Panza que desde las sombras se ve como el aliado del Quijote, pero que a
su vez representa sus propios intereses y no el de su fiel amigo.

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