FEMINISMO Y CIENCIA, ¿SANA CONVIVENCIA O DIVERGENTES?

Sigo muy de cerca el movimiento feminista de Peyton Place, su labor y actividades en algunas de las cuales tiene como protagonista, entre muches, a mi hija. Estoy al tanto también de lo que ocurre en el país y en el mundo respecto a los diferentes movimientos en cada continente. Leo bastante sobre el tema y me interesa, no solo desde el punto de vista personal, sino que me roza también en el ámbito laboral. Desde lo personal he acompañado en muchas manifestaciones a distintos grupos considerando justo el reclamo o los motivos que impulsan una movilización, por lo tanto no me considero un neófito en el tema, tampoco un especialista, simplemente soy un actor social más que se suma junto a otros actores por el bien común que es nada más ni nada menos que los derechos de la mujer. Dicho esto, estuve reflexionando y decidí escribir acerca de la coexistencia entre el feminismo y la ciencia (¿existe?). Podrán ustedes estar de acuerdo o no, pero esa es la perspectiva de Nomen Nescio acerca de este binomio de palabras.
A primera vista, la relación entre ciencia y feminismo puede parecer tangencial y me atrevo a opinar que  entre éstas existen claramente Conflictos, convergencias y complicidades. En cierto sentido, los dos conceptos ni siquiera pertenecen a la misma categoría: la palabra ciencia se refiere no solo a un conjunto extremadamente diverso de campos de investigación, sino también a toda una forma de abordar la relación humana con el conocimiento, mientras que la palabra feminismo remite a un conjunto específico de reivindicaciones políticas y sociales alrededor de la cuestión del género y su relación con el poder. Sin embargo, entendidos en el sentido más amplio, como esfuerzos colectivos, ciencia y feminismo comparten ciertas características comunes. En primer lugar, se trata de proyectos masivos relativamente sencillos de situar en términos generales y sobre el terreno (en el laboratorio, en el escenario político), pero cuyos límites concretos son difíciles de determinar, en buena medida porque las propias definiciones de ciencia y feminismo contienen un elemento normativo irreducible que se refiere a cuestiones de valor: la ciencia tiene que hacer progresar el conocimiento humano; el feminismo debe mejorar las condiciones de vida de las mujeres. En segundo lugar, tanto la ciencia como el feminismo pueden valerse de medios muy diferentes y emplear una diversidad de métodos para conseguir sus objetivos. En tercer lugar, y en parte debido a su diversidad metódica y orientación a valores normativos, ambas prácticas incorporan un componente crítico y marcadamente autorreflexivo.
Si bien los valores fundamentales de la ciencia son, por definición, valores epistémicos (es decir, orientados a la producción y validación de conocimiento), y los del feminismo, valores políticos (orientados a la transformación de la realidad social), el despliegue histórico de los proyectos científicos y feministas ha dejado patente que estas dos dimensiones normativas pueden establecer relaciones complejas. La transformación de la realidad en una determinada dirección requiere a menudo la revisión de las formas de conocimiento existentes, y la producción de nuevos conocimientos va a menudo acompañada de efectos muy reales en la sociedad. Por ello, tanto la empresa científica como el feminismo requieren pensamiento crítico, en un doble sentido: por una parte, tienen que emplear argumentos basados en informaciones confiables y en razonamientos sólidos y alejados de sesgos y, por otra, tienen que poner a prueba los supuestos «por defecto» de la vida cotidiana, sospechar saludablemente del statu quo y de lo que se presenta como «sentido común». Y esto último, no solo con respecto a sus objetos o marcos de acción, sino también respecto a las prácticas y discursos que las conforman: la ciencia consiste en buena medida en poner a prueba la propia ciencia, y el feminismo tiene que permanecer vigilante con respecto a su propio discurso y a sus propias prácticas en tanto que se convierten en lugares de poder.


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