A QUIEN LE QUEPA EL SAYO, QUE SE LO PONGA


En muchas ocasiones nos lamentamos de la mediocridad en la gestión de muchos políticos, los criticamos a través de las redes, los insultamos de todas las formas posibles y son el centro preferido de nuestras catarsis cuando se nos presentan problemas de toda índole, tenga que ver o no con la política, pero allí estamos acordándonos de ellos, de sus madres y toda la parentela, pero en realidad también deberíamos reflexionar si en verdad somos nosotros tan mediocres o culpables por votar a todos esos sátrapas. Sin duda, y viendo el currículum académico de muchos de ellos, cualquiera puede ser funcionario pasando por amplio muestrario de puestos posibles. Lo curioso es, que para cualquier puesto de trabajo a cualquier persona le piden formación académica, incluyendo idiomas y cuantos otros requisitos más. Del mismo modo, la fecha de nacimiento juega un importante papel en el futuro laboral de todas aquellas personas que necesitan una oportunidad. Sin embargo, para las clases políticas de este país no hay decretos que exijan a sus candidatos una formación acorde a la suprema responsabilidad que les competen desarrollar como responsables de la gobernabilidad de un país. Pero si se permiten, al margen de ser muchos de ellos unos verdaderos ignorantes, a las adicciones que matan (el aburrimiento); sacando sus iPad o celulares para entretenerse en videojuegos o incumpliendo su horario para dedicarlo a su labor específica. Así se defiende nuestro país… nuestra tierra. Por poner un ejemplo de una realidad de quienes nos representan en la actualidad, tenemos diputados de la talla de Olmedo, senadores como Menem y una extensa lista de funcionarios cuya formación y compromiso real por la gente y el país dejan mucho que desear, y que además cobran fortuna de sueldos inmorales. Así funciona nuestro Gobierno. Así se ganan sus suculentos sueldos. Así,  pues, la vida del político debe ser muy aburrida. Disfrutar de amplios despachos, coches oficiales, viajes pagados y dietas a costa del ciudadano, no debe ser suficiente recompensa para poder aguantar unas pocas horas de debate parlamentario entre sus semejantes. No importa, como ya ha quedado demostrado en muchos momentos, nuestro país se defiende durmiendo en los sillones del Congreso o la Rosada.  Es normal que la clase política busque algo para entretenerse y qué mejor manera que entretenerse durante las sesiones en una partida de algún juego en sus celulares mientras que el resto de sus colegas se enfrascan en estériles debates sobre cómo sacarnos de la situación en la que vivimos. Total, ¿quién no le da un rato al Candy Crush en sus horas de trabajo o al solitario? Pero no hay que olvidar que ellos están ahí por responsabilidad nuestra. Es decir, por nuestro voto de confianza democrático, convirtiéndonos a su vez en cómplices de sus malas y nefastas gestiones en la defensas de los intereses de nuestro país. Votar es fácil, hacerlo con conciencia es lo difícil.





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