Cuando un dirigente quiere justificar el acierto de su gestión y
compartir el crédito con sus seguidores en una especie de “franeleo
político” suele decir muy livianamente “El pueblo jamás se
equivoca”.
Esa frase muchas veces se repite a lo tonto, como si se tratara de una lógica probada, pero en el fondo todos sabemos que no es una verdad absoluta, sino que el cumplimiento de la misma forma parte de un cúmulo de variables que se pueden alinear en algún momento pero que no obstante no pueden atribuirse a una regla perfectible. “El pueblo”, un conjunto grande de una población, la mayoría de habitantes de un país, grupos organizados de obreros, etc., se equivocan, como también aciertan varias veces.
O sea que tanto el acierto como el error de un pueblo son variables que se ajustan a la lectura de una contienda electoral interpretada según la óptica de los ganadores y perdedores.
Ahora bien, ¿puede atribuírsele al pueblo toda la responsabilidad de esas equivocaciones? . Creo que no, pero igualmente me costaría fundamentar esa quita de responsabilidad porque creo que, tanto la equivocación como la responsabilidad, son consecuencias de un combo sociológico-político-cultural- antropo-filosófico muy complejo que para su mejor análisis haría falta poseer cierto intelecto que indudablemente no poseo.
Esta introducción no fue elegida al azar por la simple razón de intentar desmitificar la condición equívoca o inequívoca del pueblo a la hora de tomar decisiones importantes para la vida colectiva, tanto de mayorías como de minorías, lo que intento entender es si estamos en un proceso de evolución o involución, o sea que me preocupa el futuro que tenemos como sociedad y como país.
Las elecciones recientes mostraron una sintomatología muy preocupante con vistas a futuro relacionada a la convivencia democrática y a la concertación social que merecen varios temas que desde hace años le producen al país lamentables procesos involutivos que atentan al desarrollo como nación.
Por lo tanto, creo que esa frase tan utilizada (el pueblo no se equivoca o si) es parte de un folclore popular que pareciera haber sido creada por los dirigentes para exculpar a cualquier gobierno de turno de los fracasos políticos que a futuro se pudiesen cometer, para que de ese modo al pueblo lo señale como único culpable en una interminable cadena de responsabilidades cuando los gobiernos pierden el norte y se precipitan a cíclicos procesos pagando costos sociales y políticos muy altos.
En lugar de imponer la lógica de que “el pueblo no se equivoca” o si, sería mejor que los máximos referentes, sus partidos y las bases muestren un gesto de grandeza ante el soberano y dejen de pregonar esa o cualquier otra frase que implique hacernos creer que democracia y co gobernabilidad son dos antagonismos que no pueden coexistir o retroalimentarse entre sí.
Claro! , por eso es mucho más fácil responsabilizar al pueblo de las equivocaciones y los mamarrachos que la política ofrece día a día, que hacer un mea culpa de porque estamos donde estamos, sin hacer una lectura simplista que impliquen herencias y pasados.
Con el diario del lunes muchos políticos, militantes y sociedad en general opinan sobre nuestro futuro. De un bando y de otro se intenta sostener la frase en cuestión sobre si el 22 el pueblo se equivocó o no. Sería mejor hacer una mirada introspectiva muy profunda, sacarnos de encima toda esa mierda inducida por quienes viven DE y no PARA la política, y cambiar el paradigma de hacer e interpretar la política en función de defender el interés superior que es la república y todos los habitantes que la componen. Nuestra democracia solo está consolidada en una cuestión donde casi no existen diferencias de opinión , y es en que nadie más aceptará un gobierno de facto , y creo que vamos en camino de una segunda consolidación que es la defensa irrestricta del término del periodo de gobernabilidad sin que el proceso constitucional sufra “golpes disfrazados” instigados por lo devoradores de poder , políticos, grupos económicos y mafias sindicales sin escrúpulos que ven el poder como una gran caja de recaudación y no precisamente para destinarlas a las arcas del estado. Si se siguen consolidando algunas cuestiones que hacen al fortalecimiento democrático quizás tengamos la posibilidad de amortiguar todo lo que en el futuro conspire en contra de los intereses del país y de nuestra refundada democracia sin pagar costos políticos altos, y que a nuestra sociedad no se la coloque una vez más en el ojo de la tormenta siendo los destinatarios de las irresponsabilidades de los gobernantes de turno.
Finalmente, ¿se equivoca el pueblo? , claro que si, en ocasiones, y muchas otras veces no lo hace , la historia habla por si sola nos ofrece claros ejemplos, pero seguro hay que dar por hecho que esas equivocaciones son el fruto de una perversa manipulación de la cosa política manejada por personas que únicamente están dedicadas a tener poder y apropiarse de la voluntad popular para que éstos se equivoquen todo el tiempo.
Esa frase muchas veces se repite a lo tonto, como si se tratara de una lógica probada, pero en el fondo todos sabemos que no es una verdad absoluta, sino que el cumplimiento de la misma forma parte de un cúmulo de variables que se pueden alinear en algún momento pero que no obstante no pueden atribuirse a una regla perfectible. “El pueblo”, un conjunto grande de una población, la mayoría de habitantes de un país, grupos organizados de obreros, etc., se equivocan, como también aciertan varias veces.
O sea que tanto el acierto como el error de un pueblo son variables que se ajustan a la lectura de una contienda electoral interpretada según la óptica de los ganadores y perdedores.
Ahora bien, ¿puede atribuírsele al pueblo toda la responsabilidad de esas equivocaciones? . Creo que no, pero igualmente me costaría fundamentar esa quita de responsabilidad porque creo que, tanto la equivocación como la responsabilidad, son consecuencias de un combo sociológico-político-cultural- antropo-filosófico muy complejo que para su mejor análisis haría falta poseer cierto intelecto que indudablemente no poseo.
Esta introducción no fue elegida al azar por la simple razón de intentar desmitificar la condición equívoca o inequívoca del pueblo a la hora de tomar decisiones importantes para la vida colectiva, tanto de mayorías como de minorías, lo que intento entender es si estamos en un proceso de evolución o involución, o sea que me preocupa el futuro que tenemos como sociedad y como país.
Las elecciones recientes mostraron una sintomatología muy preocupante con vistas a futuro relacionada a la convivencia democrática y a la concertación social que merecen varios temas que desde hace años le producen al país lamentables procesos involutivos que atentan al desarrollo como nación.
Por lo tanto, creo que esa frase tan utilizada (el pueblo no se equivoca o si) es parte de un folclore popular que pareciera haber sido creada por los dirigentes para exculpar a cualquier gobierno de turno de los fracasos políticos que a futuro se pudiesen cometer, para que de ese modo al pueblo lo señale como único culpable en una interminable cadena de responsabilidades cuando los gobiernos pierden el norte y se precipitan a cíclicos procesos pagando costos sociales y políticos muy altos.
En lugar de imponer la lógica de que “el pueblo no se equivoca” o si, sería mejor que los máximos referentes, sus partidos y las bases muestren un gesto de grandeza ante el soberano y dejen de pregonar esa o cualquier otra frase que implique hacernos creer que democracia y co gobernabilidad son dos antagonismos que no pueden coexistir o retroalimentarse entre sí.
Claro! , por eso es mucho más fácil responsabilizar al pueblo de las equivocaciones y los mamarrachos que la política ofrece día a día, que hacer un mea culpa de porque estamos donde estamos, sin hacer una lectura simplista que impliquen herencias y pasados.
Con el diario del lunes muchos políticos, militantes y sociedad en general opinan sobre nuestro futuro. De un bando y de otro se intenta sostener la frase en cuestión sobre si el 22 el pueblo se equivocó o no. Sería mejor hacer una mirada introspectiva muy profunda, sacarnos de encima toda esa mierda inducida por quienes viven DE y no PARA la política, y cambiar el paradigma de hacer e interpretar la política en función de defender el interés superior que es la república y todos los habitantes que la componen. Nuestra democracia solo está consolidada en una cuestión donde casi no existen diferencias de opinión , y es en que nadie más aceptará un gobierno de facto , y creo que vamos en camino de una segunda consolidación que es la defensa irrestricta del término del periodo de gobernabilidad sin que el proceso constitucional sufra “golpes disfrazados” instigados por lo devoradores de poder , políticos, grupos económicos y mafias sindicales sin escrúpulos que ven el poder como una gran caja de recaudación y no precisamente para destinarlas a las arcas del estado. Si se siguen consolidando algunas cuestiones que hacen al fortalecimiento democrático quizás tengamos la posibilidad de amortiguar todo lo que en el futuro conspire en contra de los intereses del país y de nuestra refundada democracia sin pagar costos políticos altos, y que a nuestra sociedad no se la coloque una vez más en el ojo de la tormenta siendo los destinatarios de las irresponsabilidades de los gobernantes de turno.
Finalmente, ¿se equivoca el pueblo? , claro que si, en ocasiones, y muchas otras veces no lo hace , la historia habla por si sola nos ofrece claros ejemplos, pero seguro hay que dar por hecho que esas equivocaciones son el fruto de una perversa manipulación de la cosa política manejada por personas que únicamente están dedicadas a tener poder y apropiarse de la voluntad popular para que éstos se equivoquen todo el tiempo.

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