INTOLERANCIA Y VIOLENCIA DETERMINARAN NUESTRO FUTURO COMO SOCIEDAD

La violencia, un fenómeno eminentemente humano de dimensión global, es la partera de las peores tragedias individuales y colectivas que registra la historia, y que engendra también las peores miserias humanas. La violencia es un estado de involución humana que destruye la posibilidad de convivir en paz con el otro. Es el muro infranqueable que se interpone al diálogo, a la comunicación, al entendimiento. La intolerancia, su hermana dilecta, es el paso previo que puede definir un próximo estado de violencia. Nada bueno se desprende de un acto violento.
Hurgando literatura de filosofía política Thomas Hobbes teoriza sobre los comportamientos individuales y colectivos y nos muestra indicadores de una violencia instalada en el mismo estado de naturaleza del hombre; decía tener éste, varias razones para pensar que el juicio humano no es confiable (El hombre, es el lobo del hombre), y necesita ser guiado por la ciencia.
Siguiendo la lógica de Hobbes nuestro “estado de naturaleza” nos colocaría actualmente en riesgo como especie considerando que seres violentos como Trump o Kim Jong-un pueden iniciar a través de un “estado de naturaleza alterado” la desaparición de la raza humana.
La pregunta del millón sería entonces ¿Cómo revertimos ese estado de violencia permanente que nos rodea hasta desde nuestro propio hogar como fuera de éste?
Resultaría entonces necesario empezar con un examen de conciencia personal y también como sociedad, y de cuáles son los valores por los cuales debemos regirnos para sortear ese estado intolerancia y posterior violencia. Quizás el principio de la solución no sea una cuestión filosófica compleja de elaborar, quizás dos palabras sencillas sirvan para empezar a resolver procesos que pueden conducir a estados de intolerancia o violencia en todas sus formas, a saber, “sentido común”, una condición humana , creo yo , en peligro de extinción.
El sentido común muchas veces resuelve cuestiones que podrían generar situaciones adversas tanto individuales como colectivas. Pero lamentablemente uno analiza el comportamiento humano y encuentra que el sentido común brilla por su ausencia desde situaciones elementales como en cuestiones complejas. Entonces si el sentido común brilla por su ausencia siendo ésta la herramienta más simple que la condición humana nos ofrece como una posibilidad y método de resolución del estado de violencia o ante cualquier contingencia que se nos presente, lo que sigue es inevitable y explica finalmente porque la intolerancia y la violencia son la princesa y la reina del humor social. Y la última pregunta que me surge ahora es : ¿el sentido común está instalado naturalmente en cada uno de nosotros o se adquiere por ciencia? Según la definición standard el sentido común es la “capacidad natural” de juzgar los acontecimientos y eventos de forma “razonable”, y algo que tendría que ser el corolario de mi rudimentario análisis sobre la violencia termina abriendo, al menos para mí, una caja de Pandora, ¿somos capaces los seres humanos de juzgar o analizar los acontecimientos o eventos en forma “razonable”?, el tiempo responderá si el futuro de la raza humana lo dictaminará un asteroide o el botón rojo apretado por dedo índice de los reyes de la intolerancia y la violencia.


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