IGLESIA Y DERECHOS HUMANOS

Aproximadamente existen en el sistema de Naciones Unidas, y si la memoria no me falla, alrededor de 103 convenciones internacionales sobre los derechos humanos, son convenciones de carácter general o bien específicas que se refieren a ciertos derechos particulares o convenciones que protegen a determinados grupos o colectivos de personas o convenciones relativas a las múltiples discriminaciones que se realizan en el mundo. De estos 103 convenios internacionales sobre derechos humanos, la Santa Sede ha suscrito solamente 10, lo que indica que la Santa Sede, en cuanto se refiere a compromisos públicos de carácter internacional por la defensa y promoción de los derechos humanos, está en los últimos lugares de la lista de Estados a nivel mundial, incluso detrás de Ruanda. Es decir la Santa Sede es de los Estados menos comprometidos en todo el mundo en la defensa de los derechos humanos.
Por ejemplo la Santa Sede no ha ratificado ninguna de las convenciones sobre la supresión de las discriminaciones basadas en la sexualidad, la enseñanza, el empleo y la profesión. Tampoco las relativas a la protección de los pueblos indígenas, los derechos de los trabajadores, los derechos de las mujeres, la defensa de la familia y el matrimonio. Como tampoco las convenciones que se han firmado contra los genocidios, los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad o contra el apartheid. Ni las que se refieren a la supresión de la esclavitud o los trabajos forzados. Ni las que prohíben la tortura y la pena de muerte.
Además la Santa Sede, que es un Estado muy singular, realiza una legitimación internacional que no se atiene a los derechos humanos sino a sus propios derechos e intereses. Hubo Papas que, han dado de comulgar a dictadores y torturadores como fue el caso de los dictadores argentinos o chilenos. Pinochet ha sido tratado por el Vaticano prácticamente como a un beato, incluso en sus peores momentos. No debemos ser ingenuos a la hora de realizar una lectura política del tema, la Santa Sede dice que los viajes del Papa son viajes religiosos , espirituales, pero todos sabemos que en cierta medida tienen un hondo significado político de legitimación de tal o cual gobierno. Es decir, que la Santa Sede y distintos Papas tuvieron o tienen varas de medir de muy diferente tamaño según sea tal o cual gobierno y por lo tanto parece que la Santa Sede no tiene una doctrina muy elaborada de los derechos humanos y parece apoyar tal o cual gobierno según sea tratada la Iglesia Católica.
Los derechos humanos constituyen un problema que la Iglesia aún no ha resuelto ni para fuera de la iglesia ni en su interior. Para fuera no puede aceptar los derechos humanos tal y como están positivados porque la concepción universal de los derechos humanos es ajena a la Iglesia. Y para dentro, la Iglesia Católica es una monarquía absoluta que viola cientos de derechos de sus propios miembros. La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un documento: Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo En el n. 36 de ese documento se dice lo siguiente: “no se puede apelar a los derechos humanos para oponerse a las intervenciones del Magisterio”.
Así pues la Iglesia cuando habla de derechos fundamentales de las personas no se refiere a los derechos fundamentales tal y como están concebidos en el derecho internacional sino a los derechos de las personas tal y como los considera su Magisterio. Por eso la Iglesia intenta influir en la concepción universal de los derechos universales, para que ésta se adapte a su concepción y así nos encontramos que los derechos humanos tal y como hoy están configurados en las declaraciones de derechos.
Así pues la Iglesia Católica y también otras confesiones religiosas intentan influir con mecanismos de presión directa sobre los Estados y sobre las organizaciones internacionales con el fin de que la concepción de los derechos humanos de la sociedad internacional se adapte a sus postulados confesionales.
En general la Iglesias y en especial la Iglesia católica intenta que las nuevas constituciones contengan un trato especial para con las iglesias en cuanto a la salvaguardia de su autonomía frente a las leyes civiles de carácter general; intentan asimismo que en las nuevas constituciones existan referencias positivas a la religión y a la denominada libertad religiosa separando la libertad religiosa de la libertad de conciencia. También intentan que las Constituciones introduzcan garantías para la fundación de colegios confesionales y si es posible para su financiación o en cualquier caso obviando fórmulas de prohibición de subvencionar las religiones. Es decir, procuran que las formulas constitucionales no sean verdaderamente laicas. También intentan que todo el bloque de derechos individuales y de familia esté más o menos de acuerdo con algunas concepciones clericales sobre este particular. También intentan que su patrimonio y sus rentas estén exentos de la fiscalidad y procuran fórmulas que su patrimonio histórico cultural este separado del patrimonio nacional.




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