A 70 años de la Declaración Universal voy analizar desde mi punto de vista, ciertamente discutible, el contexto de los DDHH desde la venida de la democracia en 1983 hasta la fecha. No voy a puntualizar aciertos y errores de los diferentes gobiernos para llevar el análisis lo más lejos posible de que alguien lo interprete como una crítica a un partido político en particular, sino que voy a reparar en ciertos aspectos generales que los podemos incluir como verdaderas deudas pendientes en estos últimos 35 años de democracia.
Desde el memorable y ejemplar juicio a la junta hasta el grosero reglamento dictado hace pocos días por la ministro de seguridad actual, y que mereció la desaprobación de propios y ajenos, los DDHH han estado siempre en el ojo de la tormenta a la hora de buscar culpables sobre muchos males que aquejan a esta sociedad cada vez más conflictiva y disconforme.
Por un lado estamos los que decimos que las democracias están sostenidas sobre una columna principal que son los DDHH, y cuando éstos no se cumplen, la estructura de un gobierno democrático empieza a deteriorarse. Y cuando hablamos de cumplirlos lo decimos en función de respetar el principio de la universalidad en la que los DDHH descansan, porque si un gobierno utiliza ciertos derechos para cooptar votantes, o en su defecto solo los promociona como una obligación histórica y nos los lleva a la práctica, los derechos humanos, como decía Santiago Nino, solo son un artificio, una palabra muerta en espera que alguien los cumpla. Los gobiernos deberán entender que los DDHH son totalmente TRANSVERSALES a la cuestión política partidaria y éstos tampoco son patrimonio de ninguna fuerza política en particular. Seguramente por formación ideológica existe más conciencia y predisposición en ciertos grupos, no obstante nadie puede arrojarse para sí mismo el patrocinio de los DDHH.
Por otro lado están los que defenestran permanentemente los DDHH, bastardeando su significado y sosteniendo que los DDHH son un curro, o simplemente representan un gasto inútil dentro de un presupuesto gubernamental. Generalmente piensan que las falencias de los gobiernos que por error u omisión no aciertan en sus políticas sociales o de seguridad interna, son los DDHH el chivo expiatorio perfecto para indicarlo como culpables y tapar la ineficiencia gubernamental en ciertas cuestiones de fondo.
Dicho esto, si repasamos las tres dimensiones de los DDHH, principalmente los de segunda generación, los derechos económicos, sociales y culturales, donde el estado actúa como prestador, vamos a encontrar allí las mayores deudas en materia de DDHH en estos últimos 35 años de democracia. ¿Todos comen cómo deberían? ¿Todos tienen vivienda digna? ¿Todos se educan de la misma forma? ¿Todos tienen acceso a la salud? Seguramente encontraremos allí los grandes déficits en materia de DDHH.
Ningún gobierno hasta la fecha logró cumplir con el principio de universalidad de los DDHH, y para no ser injusto en el análisis debemos decir que sin dudas hubo períodos más prósperos que otros, pero convengamos que al terminar cada uno de éstos las cifras dejaron un saldo negativo, principalmente en los índices de pobreza donde parece que nadie puede dar respuestas a este flagelo social. Es una gran deuda que el estado argentino y los distintos gobiernos mantienen, y esto se da sin lugar a dudas porque el estado por error u omisión no cumple su rol de protector en materia de derechos humanos.
Por último y a modo de reflexión veo con mucha preocupación que una gran parte de la sociedad culpa a los DDHH como los responsables de las ineficiencias de la justicia o de las fuerzas del estado que deben garantizar la seguridad y bienestar de cada ciudadano sin excepción. Por ignorancia o por desconocimiento los DDHH son una vez mas el chivo expiatorio perfecto para hacer la catarsis de algo que nunca termina por resolverse como debería. Si bien algunos organismos de DDHH tendrían que hacer de una buena vez un mea culpa respecto al manejo de sus fondos , su manifiesta y equívoca postura político partidaria, su falta de objetividad en el análisis sobre ciertas políticas públicas para bien o para mal, y una serie de comportamientos principalmente por parte de sus referentes que han llevado al grueso de la población a sospechar, y que han creado una atmósfera de desconfianza respecto al verdadero rol que debería ocupar cada organismo de DDHH en el contexto nacional como garante protector de los DDHH para todos, todas y todes.
Un saludo muy especial en este día para Norita Cortiñas, Mirta Baravalle, Elia Espen, Pablo Pimentel, Adolfo Pérez Esquivel, Elsa Pavón y tantos otros que viven PARA y no DE los DDHH.
Un homenaje muy especial a Chicha Mariani que nos dejó hace poco, la primera e irrepetible presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, ejemplo de vida y de militancia y a todos aquellos defensores de los DDHH que han dejado su vida para promover y proteger este gran sustento que tiene nuestra democracia, que son los DDHH

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