DESCALIFICAR, MUESTRA LA PEQUEÑEZ DEL ESPÍRITU HUMANO

La descalificación es una acción deleznable, para mostrar ostensiblemente los defectos y debilidades de otro, siendo muy frecuente en la política, también desde el periodismo y ni que hablar a través de las redes sociales. Es evidente que cuando se carece de virtudes es más fácil fijar la atención en las flaquezas ajenas para evitar que se descubran las nuestras.
La descalificación realza la imperfección de otros, siendo el mensaje que transmite muy negativo, porque no habla de lo que puede y es capaz de realizar o alcanzar, sino de lo que es incapaz el otro, centrándose en mostrar las carencias ajenas, por lo cual la idea que se quiere fijar es simple: el otro es inferior.
Así es que la descalificación mirándola de cualquier ángulo, es un mecanismo fraudulento que se utiliza inicuamente, porque su único fin es la destrucción del contrario y aquí no se puede aplicar la célebre y desacreditada sentencia "de que el fin justifica los medios", todo el que escale posiciones, o en su defecto, quiere ganar fama o llamar la atención haciendo uso de esta horripilante opción, no tiene dignidad para ocupar sitial alguno. Cuando se trata de llegar a la cima o de hacer conquistas y de vencer eso debe conseguirse legalmente, porque de otra manera el triunfo es ilegitimo y esto lo convierte en espurio.
El asco ínsita al vómito y eso es lo que produce la andanada de vejámenes, epítetos y frases destructivas con que se definen, por ejemplo, a las personas que ocupan cualquier cargo público, esto principalmente obedece a que al faltar las ideas, son reemplazadas por la carga nefasta de la descalificación, si no se tiene claridad mental y razones y objetivos precisos, menos diafanidad existirá para transmitir planes y proyectos y ante la carencia y capacidad de ideas concisas y prácticas, se echa mano de la ruindad que significa el señalamiento de los defectos ajenos.
La descalificación es un oprobio contra los demás, lo cual demuestra pequeñez de espíritu y falta de gallardía en las relaciones contra los oponentes, todo el que nos adversa necesariamente no está equivocado y si usáramos más el cerebro que las vísceras podríamos sacar provecho en las contiendas, sobretodo políticas, para poner en práctica ideas buenas para todos, pero para eso se necesita humildad y ella es una completa desconocida para la mayoría de muchos que no pueden asimilar que son verdaderos cadáveres políticos o fracasados en sus propias vidas .
“Creen que moverse es vivir. Y se mueven, no para vivir. Se mueven para creer que viven” (Antonio Porchia)


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