Esto que escribo va dedicado a toda aquella persona adicta a la
exculpación por la falta de compromiso y a los quejosos y criticones
seriales cuya falta de debate, fanatismo ideológico y pigmeísmo mental
los mantienen cautivos en un recipiente de azafrán del que nunca emergen
porque no saben vivir ni construir colectivamente en medio de la
diversidad, o sea, quien no cumpla con esa condición, no debe darse por aludido.
Para no herir cierta susceptibilidad esta tipificación excede las clases sociales, la condición intelectual y las ideas políticas de cada uno. Conozco un par de profesionales e intelectuales que han demostrado con hechos que son unos reverendos pelotudos y sabios que eran analfabetos. Decía Max Brändli al respecto: “la pelotudez excede cualquier título universitario”, y tenía mucha razón el alemán.
Volviendo al punto, las redes sociales están infectadas de quejas, descalificación y críticas donde no se escatiman palabras ni herramientas virtuales de todo tipo para referirse a una persona en particular y principalmente a la dirigencia política desde la figura del presidente/a hacia abajo, sea del color político que sea, y también de particulares si no nos caen en gracia. El nivel de agresividad, verbal y gráfico es espeluznante, pero más que nada lo preocupante es la falta de un debate serio, no la del “copio y pego”, sino aquella sustentada del análisis propio, fruto del conocimiento al respecto de un determinado tema.
Obviamente que hay excepciones y muchas críticas expresadas en las redes sociales son la consecuencia de una frustración previa por haber agotado todas las instancias posibles de acción o por convencimiento propio a través de argumentos sólidos, serios y comprobables, pero en líneas generales el argumento imperante es la descalificación a costa de lo que sea que gana por robo.
Cuando nos domina la bronca, la ira, el fanatismo, el fundamentalismo, el absolutismo, la frustración ,el descontento y se nublan nuestros sentidos emerge esa insana necesidad de catalizar todas esas emociones alejándonos de nuestra condición de homo sapiens siendo presa fácil de la irracionalidad en todas sus formas, sin importar si pasamos o no por un claustro universitario colocándonos en un nivel inaceptable carente de valores éticos y morales e involucionando como especie cada vez que asumimos esas posturas llevándonos a un estado de mediocridad en su más alta expresión.
Dijo Albert Estein, “la vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal sino por todas aquellas que se sientan a ver lo que pasa”. Y lo que pasa es que esos simplismos de la queja y la crítica motorizados o potenciados por todas esas situaciones que aludíamos en el párrafo anterior, se han convertido para muchos en la forma más eficaz para luchar contra las ideas de un sistema imperante, recrudeciéndose estos últimos años a la fecha.
El tema que a todas esas personas cuando se le solicita un minuto de su vida para dedicarlo a sostener las ideas que defienden y pregonan, siempre tienen una salida o coartada y “hacen la del ñandú” anteponiendo justificativos inaceptables y hasta ridículos, o militan” como opinólogos de cuarta dispuestos a defender sus ideales tomando un cafecito, detrás de la compu, pegando y copiando donde cualquier bondi le queda bien con tal de desmerecer las ideas del otro, en muchos casos escudándose bajo el anonimato o con perfiles falsos.
Para todos aquellos de cualquier tinte político que le pinte, desatornillen el tuje de la silla, salgan de esa posición simplista y patética y militen, pongan la cara, juéguense, sean parte de una transformación superadora en el espacio que más le convengan, pero hagan algo, emerjan del envase de azafrán y entren al basto universo de la participación y el compromiso social bajo un marco de pluralidad y respeto por todas las ideas.
Pasemos de la crítica berreta a la acción concreta para que entre ambas no haya un océano de distancia. La política merece nutrirse con la participación ciudadana y el compromiso, no basta con poner el voto y ejercer el derecho al sufragio, hace falta mucho más que eso , pero considero también que la dirigencia política tiene una gran deuda pendiente con varias generaciones de argentinos, que se hicieron y que se siguen haciendo muchas cosas mal , no obstante lo único que no han logrado con el pueblo es quitarle la fe, la esperanza y nuestros sueños personales y colectivos, y para que estos se logren hace falta un gran compromiso de ambas partes, los políticos gobernando seriamente y nosotros construyendo y acompañando los procesos democráticos respetando las ideas de mayorías y minorías. Cuando leo o escucho algunos decir "hay que sacar o hay que terminar con tal o cual gobierno" es la expresión mas fascista y peligrosa que atenta contra un gobierno elegido por voluntad popular, creo que este país debería haber aprendido del pasado para no volver a cometer los mismo errores que nos llevaron al exterminio de una generación entera de argentinos.
Para no herir cierta susceptibilidad esta tipificación excede las clases sociales, la condición intelectual y las ideas políticas de cada uno. Conozco un par de profesionales e intelectuales que han demostrado con hechos que son unos reverendos pelotudos y sabios que eran analfabetos. Decía Max Brändli al respecto: “la pelotudez excede cualquier título universitario”, y tenía mucha razón el alemán.
Volviendo al punto, las redes sociales están infectadas de quejas, descalificación y críticas donde no se escatiman palabras ni herramientas virtuales de todo tipo para referirse a una persona en particular y principalmente a la dirigencia política desde la figura del presidente/a hacia abajo, sea del color político que sea, y también de particulares si no nos caen en gracia. El nivel de agresividad, verbal y gráfico es espeluznante, pero más que nada lo preocupante es la falta de un debate serio, no la del “copio y pego”, sino aquella sustentada del análisis propio, fruto del conocimiento al respecto de un determinado tema.
Obviamente que hay excepciones y muchas críticas expresadas en las redes sociales son la consecuencia de una frustración previa por haber agotado todas las instancias posibles de acción o por convencimiento propio a través de argumentos sólidos, serios y comprobables, pero en líneas generales el argumento imperante es la descalificación a costa de lo que sea que gana por robo.
Cuando nos domina la bronca, la ira, el fanatismo, el fundamentalismo, el absolutismo, la frustración ,el descontento y se nublan nuestros sentidos emerge esa insana necesidad de catalizar todas esas emociones alejándonos de nuestra condición de homo sapiens siendo presa fácil de la irracionalidad en todas sus formas, sin importar si pasamos o no por un claustro universitario colocándonos en un nivel inaceptable carente de valores éticos y morales e involucionando como especie cada vez que asumimos esas posturas llevándonos a un estado de mediocridad en su más alta expresión.
Dijo Albert Estein, “la vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal sino por todas aquellas que se sientan a ver lo que pasa”. Y lo que pasa es que esos simplismos de la queja y la crítica motorizados o potenciados por todas esas situaciones que aludíamos en el párrafo anterior, se han convertido para muchos en la forma más eficaz para luchar contra las ideas de un sistema imperante, recrudeciéndose estos últimos años a la fecha.
El tema que a todas esas personas cuando se le solicita un minuto de su vida para dedicarlo a sostener las ideas que defienden y pregonan, siempre tienen una salida o coartada y “hacen la del ñandú” anteponiendo justificativos inaceptables y hasta ridículos, o militan” como opinólogos de cuarta dispuestos a defender sus ideales tomando un cafecito, detrás de la compu, pegando y copiando donde cualquier bondi le queda bien con tal de desmerecer las ideas del otro, en muchos casos escudándose bajo el anonimato o con perfiles falsos.
Para todos aquellos de cualquier tinte político que le pinte, desatornillen el tuje de la silla, salgan de esa posición simplista y patética y militen, pongan la cara, juéguense, sean parte de una transformación superadora en el espacio que más le convengan, pero hagan algo, emerjan del envase de azafrán y entren al basto universo de la participación y el compromiso social bajo un marco de pluralidad y respeto por todas las ideas.
Pasemos de la crítica berreta a la acción concreta para que entre ambas no haya un océano de distancia. La política merece nutrirse con la participación ciudadana y el compromiso, no basta con poner el voto y ejercer el derecho al sufragio, hace falta mucho más que eso , pero considero también que la dirigencia política tiene una gran deuda pendiente con varias generaciones de argentinos, que se hicieron y que se siguen haciendo muchas cosas mal , no obstante lo único que no han logrado con el pueblo es quitarle la fe, la esperanza y nuestros sueños personales y colectivos, y para que estos se logren hace falta un gran compromiso de ambas partes, los políticos gobernando seriamente y nosotros construyendo y acompañando los procesos democráticos respetando las ideas de mayorías y minorías. Cuando leo o escucho algunos decir "hay que sacar o hay que terminar con tal o cual gobierno" es la expresión mas fascista y peligrosa que atenta contra un gobierno elegido por voluntad popular, creo que este país debería haber aprendido del pasado para no volver a cometer los mismo errores que nos llevaron al exterminio de una generación entera de argentinos.

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